La Ermita de San Frutos

20 marzo 2012 4 Por jexweber

Nuestra visita por el Parque Natural de las Hoces del río Duratón concluye en la Ermita de San Frutos, como os comentaba desde el mirador de los cortados, la ermita se levanta sobre uno de los meandros que en su enrevesado recorrido ha formado el río Duratón, para acceder a ella hay que cruzar un puente de piedra que salva “la cuchillada“, un desprendimiento originó una grieta en el meandro y hubo que construir el puente en 1757 para acceder a la ermita.



Cuenta la leyenda que “la cuchillada” fue obra de San Frutos, quién con su bastón abrió una grieta a lo Gandalf para que los sarracenos no tomaran aquel lugar sagrado, es más, dentro de la ermita de San Frutos hay un cuadro que ilustra aquel momento.

Tras cruzar el puente de piedra lo primero que vemos es una monumental cruz de hierro que se construyó en 1900 en cuya base de granito hay unas inscripciones en latín que conmemoran la peregrinación hasta la ermita de San Frutos.

Justo en la entrada del complejo religioso podemos ver los restos de una antigua necrópolis de tumbas horadadas en la piedra y de origen medieval, allí eran enterrados del monjes que habitaban el monasterio anexo a al ermita de San Frutos, las tumbas tienen formas humanoides.


Restos de la necrópolis del priorato de San Frutos

En su día todo el complejo fue un monasterio benedictino, se empezó a edificar la ermita sobre los restos de un antiguo templo romano en el siglo XII, se le anexó algo más tarde el monasterio que fue poblado por monjes benedictinos por orden de Alfonso VII de León.

Lo que hoy ha llegado hasta nuestros días, son las ruinas del monasterio, y la ermita de estilo románico, se mantiene la disposición de las estancias de lo que fue el monasterio, así como ventanales que dan a las paredes verticales de las hoces del Duratón y arcos que decoraban las puertas de las estancias, todo ello levantado sobre sillares de calizas abigarradas.



La desamortización de Mendizábal no pasó por alto sobre esta belleza de templo en este bello paraje, los monjes abandonaron el monasterio y debido al estado de abandono un incendio destruyó gran parte del mismo, la techumbre y las estancias fueron calcinadas, así que solo quedaron los muros de las habitaciones y la ermita de San Frutos, desde 1931 es Monumento Nacional, normalmente está cerrada, pero un señor, al que nosotros calificamos como el guardián de la ermita de San Frutos, suele estar por allí y no tienen ningún problema en abrirla para enseñarla.



El hombre al que denominamos el guardián de la Ermita de San Frutos nos abrió de buena fe la ermita, de primeras pudimos ver un pequeño puestecito donde comprar algún souvenir de la misma  y algún que otro libro de historias de la ermita.

De entrada como buen templo románico que se precie la decoración y la ostentosidad brillan por su ausencia, algún que otro relieve sobre los capiteles de las columnas pero poco más, además la oscuridad, apenas tiene ventanas y la poca luz que entra viene de la obertura de la puerta.

Bajo el altar de la ermita de San Frutos hay una historia muy curiosa, el guardián de la ermita nos abrió un pequeño portón por el cual accedíamos a un estrecho pasillo y justo en medio había un sillar como sobre los que esta levantada la iglesia, nos contó que eso es la piedra del santo y una tradición dice que si se dan tres vueltas alrededor del sillar se curan las enfermedades, justo en la puerta había unas inscripción que rezaba: “Para los que no lo sepan, la vuelta la piedra, lo primero y fundamental es hacerlo con fe, e incluso, aquellas personas que por su edad o por su físico no pueden dar la vuelta, no se preocupen, porque su plegaria llega igual hasta Dios.”





Tras ver el interior del templo dimos una vuelta por todo el complejo, dónde aún se podían ver restos de una pequeña muralla para proteger el antiguo monasterio, la zona donde los monjes tenían el huerto y un arcaico horno de pan, estaba medio derruido, pero algunos sillares que formaban la bóveda seguían en pie.



San Frutos fundó la primera ermita con sus hermanos San Valentín y Santa Engracia, y allí vivieron hasta el fin de sus días, a pocos metros de la ermita se encuentran sus tumbas protegidas por un cobertizo anexo al cementerio del antiguo monasterio.

Sin duda, la visita a la ermita de San Frutos merece mucho la pena, el lugar es excepcional y las vistas realmente espectaculares, los muros del lado norte de la ermita están construidos sobre el acantilado que da al río Duratón.

La visita es gratuita y si tienes suerte de que este el guardián de la ermita de San Frutos podrás verla por dentro.

Podéis ver más fotos en el set de Flickr: La Ermita de San Frutos en las Hoces del Duratón

Más información: Historia de la ermita de San Frutos

¿Dónde está la Ermita de San Frutos?

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